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Ascensión a Peña Remoña por el sur

La subida a Peña Remoña por el sur, desde Campodaves o la majada de Remoña, es una ruta muy poco transitada, ideal para disfrutar de los días soleados de finales del otoño.

Vistas del cordal de Peña Remoña

La fachada meridional del cordal de Remoña la ocupan tres antiguos circos glaciares, siendo el del medio el más accesible. Se trata de un circo que encuentra su prolongación en la pina y ancha canal que separa la vega de Valcabao de Campodaves.

Peña Remoña desde el monte ValjierroEl cordal de Remoña desde el monte Valjierro. En rojo, el itinerario seguido desde la majada de Remoña para alcanzar la divisoria del cordal. En azul, itinerario alternativo si la nieve impide alcanzar directamente la cuerda.

Mediado el mes de noviembre, con las primeras nieves salpicadas por las laderas y los días angustiosamente cortos, decido probar suerte.

No han dado las diez cuando salgo de Cañabedo. El día está despejado, pero el sol tardará todavía en dejarse ver. Hace frío y la escarcha cubre las praderas.

Como es un miércoles no festivo, la montaña esta vacía, y una pareja de corzos pasta tranquilamente al borde del bosque.

Corzos

En el Cabén (1.779 m, 2,2 km) salgo de la sombra. Para llegar hasta aquí, puede verse Integral de las Peñas Cifuentes (I): la Torre de Salinas (por la cresta oriental).

La ligera cuesta abajo y los templados rayos de sol hacen el camino más llevadero ("¡Asombra lo que puede hacer un rayo de sol en el alma de un hombre!", escribió Dostoyevski).

Majada de RemoñaMajada de Remoña.

La resolana majada de Remoña (1.680 m, 3,4 km) me tienta: dan ganas de quedarse un rato para disfrutar de estos últimos ratos de calidez otoñal, pero no hay tiempo.

No tardo en alcanzar el borde occidental de la canal, muy somera aquí, que separa la vega de Valcabao de Campodaves, el altímetro marca 1.670 metros.

Subo en vertical por el lomo de la morrena, sorteando la nieve acumulada en los ribazos orientados a naciente.

Al aflorar el roquedo (1.760 m, 4,7 km), una corta travesía hacia la derecha me deja en la canal propiamente dicha, un poco por encima de su resalte más pronunciado. Entro en la canal por la izquierda, y, por esta misma mano, supero otros dos resaltes, cortos y poco marcados.

CampodavesCampodaves desde la canal.

Chova piquigualdaChova piquigualda.

Hago un alto para descansar. Por el cielo, limpio de nubes, cabriola la chova y desfila el buitre. Un pariente suyo, el quebrantahuesos, descansa a lo lejos, en los cortados situados por debajo de la cresta; sólo que éste no es de carne y hueso, sino de fibra de vidrio.

Quebrantahuesos

Según dicen, los señuelos de quebrantahuesos favorecen el asentamiento en las proximidades de los individuos jóvenes que divagan por las montañas cantábricas. Explican los entendidos que esto se debe al carácter social del quebrantahuesos joven, al que le gusta la vecindad de sus congéneres.

Estas réplicas, así como algunas más colocadas en lugares cual la garganta del Cares, forman parte del proyecto de reintroducción del quebrantahuesos en Picos de Europa, donde se extinguió a mediados del siglo XX.


Tras superar un tercer resalte (esta vez por la derecha), más fácil aún que los dos primeros, la canal se ensancha.

Aunque bastante empinado, el terreno que tengo por delante es franco: alberga notables pedreros, al principio, y termina con una pendiente herbosa, algo más acusada, de la que emergen los paredones de la cresta.

Rebeco

rebecoNutridos grupos de rebecos, aprovechando la tranquilidad del paraje, pacen desperdigados por la ladera.

Las paredes cimeras ofrecen un punto débil evidente, por más que en esta ocasión se encuentre cubierto por una capa de nieve. Me dirijo hacia él, y, progresando con cuidado, gano la línea de cumbres en la horcada entre el Alcacero central y el oriental (2.200 m, 6 km).

Este paso resulta difícil de franquear con mucha nieve, pues se forman cornisas orientadas al sur, y el nevero final, normalmente de nieve muy blanda, alcanza una considerable pendiente.

Es posible eludir este obstáculo doblando a poniente a unos 2.120 metros de altitud, para bordear por el sur los resaltes del Alcacero central y ganar con facilidad la suave y herbosa horcada central de Remoña, la que se abre entre el Alcacero central y el occidental.

Peña RemoñaLlegando a la cima de Remoña.

La cumbre de Remoña, de excelente y compacta roca, se gana cómodamente, tras superar por la derecha un breve canalizo. La cima es un aéreo viso desde el que, además de la vega de Liordes y una buena porción de Picos, se contempla la Liébana y su horizonte de montañas.

Peña Remoña

Aunque la nieve desaparece con rapidez de la vertiente meridional de Remoña, téngase en cuenta que, alcanzar la cima de Remoña por este itinerario, exige, en el tramo final, avanzar por el flanco septentrional de la línea de cumbres, donde la nieve y el hielo estarán presentes hasta muy avanzada la primavera. Especialmente expuesto resulta franquear la rimaya que se forma al este de la horcada por la que se accede a la divisoria, en las paredes orientadas al norte del Alcacero oriental.

Vistas desde el cordal de Peña Remoña

Distancia (solo ida) 6,7 kilómetros
Ascensión acumulada 1.025 metros

Mapa de la ruta Track
Índice de ascensiones a Remoña

 


También se puede iniciar la ruta en Fuente Dé, para alcanzar Campodaves por el monte Quebres o por la pista que sube al Cabén (véase la ruta Circuito alrededor del cordal de Remoña).

Distancia (solo ida) 6,3 kilómetros
Ascensión acumulada 1.170 metros

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