El Niajo, guardián de los Beyos (ascenso por la Guaricia, y descenso por la Vallina)

La cara sureste del nudo formado por el Niajo y el Pozalón presenta tres marcadas cicatrices. La del centro es una profunda depresión donde se encuentra la majada del Quexio y, por encima de ella, el Jorquexio, paraje muy propenso a los aludes. A su derecha, la canal Ballaína desciende desde un lateral de la Guaricia Niajo. Y, a la izquierda del Quexio, la canal de la Vallina asciende hasta la horcada del Porro Llago, de donde arranca la ladera que culmina en la cumbre del Pozalón.

Una advertencia cartográfica: en el mapa del IGN los topónimos la Vallina, majada Quexio y canal de Porro Llago están mal colocados. Véase la fotografía siguiente.

Peña Niajo y Pozalón

Niajo

La cara sureste del Niajo-Pozalón.

El itinerario que vamos a emprender asciende al Niajo por el borde meridional de la canal Ballaína y la Guaricia, recorre toda la cresta cimera hasta coronar el Pozalón, y desciende por la canal de la Vallina.

Una precisión terminológica: en los Beyos, la palabra "guaricia" se emplea para designar espacios destinados al pacer de los bueyes. Nosotros empleamos el vocablo con mayúscula para hacer referencia a la guaricia situada en la ladera oriental del Niajo, también conocida como majada Niajo.

En el barrio de abajo de Ribota (topónimo que, al parecer, significa "ribera alta"), cruzamos el puente sobre el Sella (525 m) y tiramos por la pista que sube dejando a la izquierda la central eléctrica y un hórreo de ocho pegollos.

Ribota

La iglesia de Ribota, dedicada a San Juan Bautista y construida junto a las ruinas del antiguo templo.

Ribota

El inicio de la ruta.

En las bifurcaciones del camino, que zigzaguea plácidamente por la Solasiella, bosque donde medran algunos castaños de gran porte, seguimos siempre por el ramal de la derecha, aunque, a veces, el de la izquierda parezca más marcado.

Castaño de la Solasiella (Ribota)

El castaño de la Solasiella.

Tras cruzar el río Igüeyo por el apenas perceptible puente Buseco (630 m, 0,7 km), una pronunciada curva (la Vuelta Ballaína) nos pone rumbo al suroeste (680 m, 0,9 km).

Valle de Sajambre

En la suave placidez de Sajambre.

En el sostenido ascenso que viene a continuación, dejamos a la derecha un profundo pozo protegido con alambres; y a la izquierda, un par de invernales: el primero en ruinas, y el último algo mejor conservado.

Ribota

Cada poco, echamos la vista atrás para disfrutar de las vistas de Ribota y los Picos de Europa, que empiezan a asomar por el horizonte.

Sin excesivo esfuerzo, alcanzamos el rellano del Medio (790 m, 1,5 km), donde el camino se estrecha y, convertido en senda, vira al noroeste en dirección a la canal Ballaína.

Enseguida (830 m, 1,6 km), sale a la izquierda una trocha poco evidente que se encamina a la Gustariega. Por ella volveremos, pero, de momento, seguimos por el camino más marcado, que pasa junto a la fuente Espinera (850 m, 1,8 km), dobla a poniente, dejando a la izquierda las ruinas de unas cuadras, y alcanza un hombro (890 m, 1,9 km) sobre la divisoria meridional de la canal Ballaína.

Fuente Espinera

La fuente Espinera.

Desde el hombro, con objeto de aprovechar el terreno más favorable, el sendero se adentra en el monte la Boya, alejándose de la canal y acercándose a los resaltes de la Sierra la Teya. Pero este alejamiento es momentáneo, y muy pronto vuelve a asomarse a los abismos de la Ballaína. En este tramo, volado sobre las profundidades de la canal, todavía se conservan los vestigios de unas minúsculas y rudimentarias barandillas que los pastores colocaron para impedir que el ganado se despeñara.

Fuente Niajo

La fuente Niajo.

Luego, el camino sale del bosque, cruza la canal muy arriba por una zona más pacífica y llega a la fuente Niajo (1110 m, 2,7 km), antesala de la Guaricia Niajo (1140 m, 2,8 km), amplia y herbosa plataforma inclinada de vistas increíbles de los Beyos, los Picos de Europa y el valle de Sajambre.

Sajambre desde la Garicia Niajo

Las vistas son especialmente interesantes desde la esquina noreste de la Guaricia. En esta imagen se divisa Oseja en el centro del valle de Sajambre. En primer plano, se aprecian los muros de piedra construidos en la Guaricia para evitar que el ganado se despeñara.

Vistas desde la Guaricia Niajo

Desde luego, simplemente para disfrutar de este fantástico enclave, colgado sobre Ribota y Cobarcil, merece la pena el esfuerzo de subir hasta aquí.

El lugar es para pasarse horas contemplando el paisaje, pero nosotros debemos proseguir, así que remontamos la Guaricia en dirección a un par de arbolillos que medran cerca del final de la zona de pastos (1230 m, 3,1 km).

Guaricia Niajo

El valle de Sajambre y la Guaricia Niajo desde el final de la zona de pastos.

Nos encontramos en la Cuesta Niajo, en la ladera oriental de esta montaña, de cuya cumbre nos separa un desnivel de medio kilómetro. El terreno que tenemos por delante es la típica mezcla de roca, hierba y monte bajo, muy pendiente y algo resbaladizo (atención al calzado).

Guaricia Niajo

A medida que ascendemos, la Guaricia nos muestra sus auténticas dimensiones.

Ascendemos por la ladera con rumbo a poniente, culebreando para evitar los pequeños resaltes que la jalonan. Cuando nos topamos con uno de mayor enjundia (1340 m, 3,3 km), enfilamos al sur para rodearlo por la izquierda.

Niajo

Itinerario a la cima desde la Guaricia.

Llegamos así a la base de una destacada prominencia (1440 m, 3,6 km), donde damos vista a la cima y pasamos a la vertiente sureste.

La amplia y somera canal en la que nos encontramos ahora presenta hacia su mitad y algo por encima de donde estamos una ligera protuberancia alargada. Nos dirigimos hacia ella (1530 m, 3,9 km), y proseguimos ascendiendo por su lomo, algo más rocoso que el terreno que lo circunda.

Niajo

En la vertiente sureste.

Cuando la protuberancia se extingue 40 metros más arriba, en una faja donde crecen numerosos arbolillos, continuamos subiendo en su vertical.

El terreno se torna más rocoso y se empina cada vez más. Nos encontramos en el Afrontadorio, las duras pendientes que bajan de la cresta cimera.

A nuestra izquierda, vemos el brillo de la cruz que un día estuvo en la cima, pero que hoy reposa cien metros más abajo, arrastrada por los vendavales. No conviene ir hacia ella, salvo quizás para echar un vistazo. En cualquier caso, lo mejor es mantener o recuperar el rumbo en la vertical de la protuberancia.

Niajo

La agreste pendiente nos exige algunas esporádicas y breves trepadas (II). Cuando el terreno lo permite tiramos a la izquierda para hacer pie en una canaleta que desemboca en la cumbre (1739 m, 4,3 km).

Niajo

En esta imagen, tomada desde la cumbre, se aprecian los elementos de la ladera sureste a los que se hace referencia en el texto. La canal presenta algunos resaltes hacia su mitad. El ascenso lo realizamos por su derecha vista desde abajo (izquierda mirando desde la cima), para entrar en ella por encima de los resaltes.

Vistas desde la cumbre del Niajo

Tras recuperar fuerzas en este magnífico mirador, proseguimos nuestro camino.

La cresta que une el Niajo con el Pozalón, una auténtica delicia cuya longitud ronda los 750 metros, no presenta ninguna dificultad reseñable: se recorre andando y solo hay que apoyar las manos en algún tramo aislado. Eso sí, las caídas hacia ambas vertientes son considerables, por lo que es necesario extremar la precaución.

Niajo

Iniciando el recorrido de la cresta.

Niajo

Uno de los someros escarpes de la cresta.

Hacia su mitad se yergue un destacado promontorio (cota 1725) que exhibe en su pared suroeste una llamativa cueva.

Niajo

Niajo

La cueva (de acceso algo delicado) se abre a la derecha y unos 20 metros por debajo del collado subsiguiente.

Niajo

La segunda parte de la cresta vista desde la cota 1725.

Niajo

Último tramo de la cresta.

Niajo

El Niajo, al final de la cresta; y la cueva, hacia su mitad.

El relajado paseo por la cresta nos lleva al Pozalón (1743 m, 5,1 km), cumbre hermana del Niajo, algo más alta y, también, de buenas vistas.

Vistas desde la cumbre del Pozalón

Descendemos de la cima hacia el sur por una cómoda ladera que desemboca en la verde campera de la horcada de Porro Llago (1608 m, 5,6 km), cuya charca cuenta hoy con una nutrida población de ranas.

Horcada de Porro Llago

La horcada de Porro Llago.

De la horcada arranca hacia naciente la pina canal de la Vallina (también conocida como valle la Vallina o valle de Porro Llago), por la que descendemos.

valle la Vallina

Empezando a bajar por la Vallina.

La primera parte de la canal de la Vallina, herbosa y sin árboles, conserva aún vestigios de la antigua senda.

El bosque, que aparece a los 1360 metros de altitud, es un hayedo de suelo pedregoso donde se acumula una gran cantidad de hojas. Los árboles, muy castigados por los temporales, presentan muchas ramas tronchadas o vencidas por el peso de la nieve, algo que entorpece la marcha. Es menester bajar con calma y precaución.

valle la Vallina

Cuando el altímetro marca 1360 metros, alcanzamos el límite del bosque.

Lo mejor es progresar por la derecha, junto a las paredes que cierran por esa mano la canal, aprovechando lo que parece ser un corredor de aludes que ha despejado parcialmente una franja de terreno.

valle la Vallina

Arrimados a los escarpes de la derecha, logramos evitar el caos boscoso de la Vallina.

Cuando se extinguen los resaltes, hacemos pie en una zona desarbolada a la izquierda del hayedo (1190 m, 6,6 km). Desde aquí, avistamos relativamente cerca y un poco más abajo el Cueto Llacio, promontorio de roca oscura que desempeña un papel fundamental en la orientación por la boscosa y enmarañada zona baja de la Vallina.

valle la Vallina

Esto es lo que contemplamos desde la zona desarbolada.

Como veremos a continuación, existen dos posibilidades para bajar a los prados de la Gustariega: rodear el Cueto Llacio por arriba, siguiendo senderos bien marcados; o tirar por debajo de él, siguiendo el cauce de la riega Panseverón. Ambos itinerarios vienen a juntarse en la fuente la Vallina.

La decisión hay que tomarla un poco más abajo, por lo que, de momento, abandonamos la zona desarbolada y volvemos a internarnos en el interior del bosque, por donde se progresa mucho mejor.

No tardamos en dar con un camino (1110 m, 6,8 km) que cruza la riega Panseverón y sale de la canal por la derecha, dirigiéndose en horizontal hacia la parte superior del Cueto Llacio, para pasar a continuación por debajo del collado de la Puerta, y descender a la fuente la Vallina.

Este camino, que en realidad lo que hace es rodear por arriba el Cueto Llacio (primera posibilidad antes apuntada), aunque supone un cierto rodeo, constituye la forma más cómoda de alcanzar los prados de la Gustariega.

valle la Vallina

Los dos itinerarios posibles para alcanzar la fuente la Vallina y la Gustariega.

Nosotros, sin embargo, interesados como estamos en conocer a fondo la Vallina, no tomamos ese camino y seguimos bajando directamente por el bosque.

Primero lo hacemos por la margen izquierda de la riega Panseverón, y finalmente por su propio cauce, pues fuera de él la enmarañada vegetación impide el paso. Si la riega apenas lleva agua, como ocurre en esta ocasión, el tránsito por su cauce resulta sencillo; pero si su caudal es importante, lo más recomendable es evitarla y rodear por arriba el Cueto Llacio.

Metidos como estamos en la riega y tras salvar por la izquierda un pronunciado escalón del arroyo (1010 m, 7,2 km), alcanzamos una zona donde reposan grandes bloques desprendidos de la pared del Cueto Llacio.

Desprendimiento de Cueto Llacio

Desprendimiento de la ladera del Cueto Llacio.

Luego, el terreno se abre y brota a la derecha la fuente la Vallina (970 m, 7,3 km).

Progresando junto a la riega que nace en la fuente, llegamos a los prados de la Gustariega (910 m, 7,6 km), donde, en lugar de tirar por el camino más visible, el que abandona la pradería por la derecha, buscamos el que parte de los prados hacia la izquierda, un sendero que no se divisa hasta que no estamos prácticamente encima de él.

La Gustariega

La Gustariega.

La senda, que se conserva bien (con las inevitables zarzas plantándole cara al caminante de vez en cuando), desciende a media ladera por debajo de la sierra la Teya para enlazar con el itinerario de ida ligeramente por encima del rellano del Medio (830 m, 8 km).

Distancia (total) 9,7 kilómetros
Ascensión acumulada 1285 metros

Mapa de la ruta Track
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