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Ascensión al pico de Samelar desde Colio

El Samelar, el Canto de la Concha y el Alto de las Verdianas son los dosmiles más orientales de Picos. Forman parte de la escama subsiguiente al cabalgamiento basal, una escama caótica en su zona más occidental, pero que, hacia el este, dibuja un nítido y alargado escarpe que se extiende, con la única interrupción del collado de San Carlos, entre la canal de las Arredondas y el puerto de la Brañas.

Los Picos de Europa desde Peña VentosaÁndara desde Peña Ventosa.

Coronar el Samelar resulta relativamente sencillo desde el Jito Escarandi, solo hay que seguir las viejas pistas mineras trazadas en las rampas dorsales de los cabalgamientos, unas pistas que llegan hasta el collado de San Carlos, muy cerca de la cima.

Sin embargo, la tarea es considerablemente más ardua si se emprende desde el sur. Desde la Liébana, además de un gran desnivel, hay que salvar los escarpes de los frentes de cabalgamiento, para lo cual solo hay un paso realmente franco: el que por el puerto de Potes y la canal de San Carlos gana el collado de San Carlos.

Ándara desde el Pico JanoÁndara y la Liébana. Fotografía tomada desde el pico Jano.

Todos los demás itinerarios discurren por un laberinto de canales, collados y laderas, donde, por lo general, los caminos brillan por su ausencia, y donde, cuando la niebla hace acto de presencia, lo verdaderamente asombroso sería no perderse.

En esta ocasión, nuestra intención era alcanzar el Samelar desde Colio por el camino más seguro, para, a continuación, descender por la Hendida, el collado de la Llaguna, la vega de Paña y la canal de Candalaviáu. Según nuestros planes, este itinerario de regreso nos permitiría, sin mucho esfuerzo adicional, visitar también el Canto de la Concha y el Alto de las Verdianas. Todo ello, sobre el papel, porque en la realidad las cosas no fueron tan sencillas como pensábamos.

El Samelar desde la Sierra de la ViornaEl Samelar y su entorno. Fotografía tomada desde la sierra de la Viorna.

Pese a que la ruta la realizamos un 20 de mayo, y contábamos con encontrar nieve en abundancia, nos sorprendió su espesor y, sobre todo, la estructura del manto nivoso. En la ladera oriental del Samelar, presidiendo toda la concavidad que se eleva sobre el Rendijón, se conservaban grandes y agrietados restos de cornisas, cuya verticalidad nos impedía ver lo que había más abajo; la Hendida, por su parte, estaba ocupada por un pino nevero, a punto de colapsar hacia su mitad e imposible de descender con un mínimo de seguridad sin crampones y piolet.

El Samelar desde el Cueto FontanillaVista del Samelar desde el cueto de la Jontaniella.

Obviamente, hubiera sido mucho más fácil subir que bajar por ese itinerario. En cualquier caso, en condiciones similares a las descritas, En Defensa de las Montañas aconseja ascender y descender por la canal de San Carlos, siempre, claro está, que el manto nivoso se haya estabilizado y no haya riesgo de aludes.

Salimos de Colio (560 m) hacia La Parte. De este barrio de la aldea sale una pista de cemento que enfila a poniente, rumbo a las puertos de Ullances, donde se une con las que vienen de Viñón y Argüébanes (890 m, 2,2 km).

Puertos de Ullances

Puertos de UllancesPuertos de Ullances.

Con un trazado más sosegado, la pista traspone los Tornos (1.050 m, 3,4 km), pasa junto a una fuente (1.060 m, 3,6 km) y gana un hombro que nos invita a tomar un respiro (1.260 m, 4,5 km). Desde aquí, a la reconfortante sombra de hayas y robles de buen porte, divisamos el río Cocildún, que baja del puerto de Potes formando una llamativa cascada.

Hacia el SamelarEn el hombro. Al fondo, la canal de San Carlos.

El camino va al encuentro del río, al que cruza por debajo de la cascada (1.390 m, 5,4 km), para, acto seguido, describir un par de curvas y salir al hondón de la majada de Trulledes, en el puerto de Potes (1.480 m, 5,8 km).

Hacia el SamelarLlegando al puerto de Potes, con la pared meridional del Samelar como telón de fondo.

Los restos de la majada se asientan en un verde rellano, pródigo en agua, encerrado entre las hoscas paredes que se elevan hasta las cumbres del Samelar y el Sagrado Corazón.

Majada Trulledes

Majada TrulledesMajada Trulledes: un paraíso para los geólogos. A un lado, la falla de San Carlos; al otro, la caliza de montaña cabalgando sobre las herbosas laderas del puerto de Potes (formación Lebeña).

Hasta la majada llega la nieve que, por toda la canal de San Carlos, baja del collado homónimo.

Como la pendiente de la canal no es muy pronunciada y la nieve está lo suficientemente blanda, tiramos para arriba sin sacar de la mochila el material que llevamos.

Canal de San CarlosIniciando la canal de San Carlos, un rectilíneo surco generado por la falla homónima.

A medida que avanzamos, pasamos junto a restos de viejos aludes desprendidos de las abruptas pendientes que flanquean la canal. No siempre es seguro deambular por estos derroteros.

Canal de San CarlosEn la mitad de la canal.

Tras remontar los casi 600 metros de desnivel de la canal, salimos al collado de San Carlos (2.060 m, 7,4 km), paso abierto entre el pico del Sagrado Corazón y el Samelar.

collado de San CarlosCollado de San Carlos. Detrás, el pico del Sagrado Corazón.

Ya solo queda virar a la derecha (noreste) y subir por la tranquila ladera del Samelar para alcanzar su cima (2.229 m, 8,3 km).

Pico SamelarIniciando la ascensión final al Samelar desde el collado de San Carlos.

Pico SamelarEn la ladera del Samelar. Observe la pista minera que llega al collado de San Carlos.

La subida, aunque cómoda, ha sido larga y dura, así que nos tomamos con calma la estancia en la cima, intentando descifrar los muchos secretos que para nosotros encierra el fascinante paisaje que nos envuelve. Después de todo, ya solo queda bajar.

Y para bajar de la mejor manera posible, analizamos detenidamente el terreno que tenemos por delante. Mirando hacia el este, vemos justo enfrente, formando parte del escarpe que se eleva sobre las pendientes herbosas del puerto de Potes, el Alto de las Verdianas, y, en su base, la escotadura de la Hendida. Algo desplazado hacia la izquierda, se alza el Canto de la Concha, hacia el que queremos dirigirnos.

Vistas desde el SamelarEl Canto de la Concha y el Alto de las Verdianas desde la cima del Samelar.

Nos separa de él una sencilla pendiente parcialmente cubierta con algunos neveros fáciles de transitar. Lo coronamos sin contratiempos (2.089 m, 9,2 km), pero desde la cima nos damos cuenta de que la loma del Canto de la Concha que mira hacia la Hendida se encuentra orlada de cornisas agrietadas y semicolapsadas; y de que, por ahí, resulta imposible o muy arriesgado bajar.

El Canto de la ConchaHacia el Canto de la Concha.

El Samelar desde el Canto de la ConchaVista del Samelar desde el Canto de la Concha.

No queda otra alternativa que realizar una larga travesía hacia la derecha (sur). Así lo hacemos, y, al acercarnos al escarpe que da al puerto de Potes (2.100 m, 9,9 km), encontramos una faja libre de cornisas por la que bajamos a la boca de la Hendida (1.926 m, 10,8 km).

Hacia la HendidaBajando hacia la Hendida una vez sorteada la peligrosa línea de cornisas.

Esto significa que el itinerario más lógico para alcanzar la Hendida desde el Samelar, sin pasar por el Canto de la Concha, discurre por las inmediaciones de los cortados, algo que desde la cima del Samelar no es del todo evidente.

Antes de embocar la Hendida, nos llegamos hasta el cercano Alto de las Verdianas (2.018 m, 11,3 km), atalaya de buenas vistas de la canal de San Carlos, el puerto de Potes y la zona por donde acabamos de transitar.

Alto de las VerdianasCima del Alto de las Verdianas.

Vistas desde el Alto de las Verdianas

De vuelta a la Hendida, comenzamos a descenderla. Al principio, destrepamos unos metros por roca firme, pero enseguida hemos de calzarnos los crampones para afrontar el nevero que baja desde su cabecera. La pendiente es fuerte (en torno a 50 grados), y, aunque la nieve se encuentra en buenas condiciones, descendemos extremando las precauciones, habida cuenta del cortado que se abre por debajo del nevero, y los grandes agujeros que presenta hacia su mitad.

La HendidaEn la Hendida. Fotografía: Santi (La Cara Norte).

La HendidaEl autor de la fotografía anterior terminando de negociar el nevero de la Hendida.

Afortunadamente, la estrecha rampa inclinada que pone punto final a la Hendida se encuentra libre de nieve.

La HendidaRampa final de la Hendida.

Una vez en las verdes pendientes del puerto de Potes (1.860 m, 12,2 km), cogemos la trocha que, sin ganar ni perder mucha altura, se encamina al collado de la Llaguna. Este tramo se encontraba aún salpicado de neveros, algunos de travesía bastante engorrosa dada la inclinación del terreno.

De la Hendida al collado de la LlagunaGrandes neveros entre la Hendida y el collado de la Llaguna.

De la Hendida al collado de la LlagunaEl itinerario hacia el collado de la Llaguna discurre por la zona de contacto entre la pared del Alto de las Verdianas (caliza de montaña) y la terrosa ladera del puerto de Potes (formación Lebeña).

Por fin, en el collado de la Llaguna terminan nuestros problemas con la nieve (1.843 m, 12,9 km).

Collado de la LlagunaCollado de la Llaguna y pico de las Agudinas.

Los picos Sagrado Corazón y Samelar desde el collado de la LlagunaVista de los picos Sagrado Corazón y Samelar desde el collado de la Llaguna.

Rodeamos el pico de las Agudinas por el sur con el fin de echarle un vistazo desde arriba al Canchorral de Hormas. Luego, por el borde del escarpe de este impresionante bocado que los deslizamientos le han dado a la montaña, bajamos al prao los Treños (1.604 m, 14,3 km), y, tras faldear la ladera septentrional del pico del Acero, descendemos por la cuesta de la Vega a la vega de Paña.

Canchorral de HormasCanchorral de Hormas.

El puerto de Quión desde el Pico del AceroLa vega de Paña. La canal de Candalaviáu arranca en la esquina inferior derecha de la fotografía.

En la vega de Paña, en lugar de tirar hacia naciente para bajar a Colio por el camino, digamos, normal de los Riscos, decidimos probar suerte por el atajo, desconocido para nosotros, de la canal de Candalaviáu.


Del extremo occidental de la vega de Paña, descienden dos canales que salvan este primer escalón del edificio calcáreo de Picos que forman, entre otros, el pico del Acero y el pico Paña: la canal de Candalaviáu y la canal de Palomera.

Ambos topónimos se encuentra mal situados en el mapa del IGN, algo desplazados a la izquierda de su ubicación real. La canal de Palomera arranca pegada a las paredes del pico la Mora; y la canal de Candalaviáu lo hace algo más al oeste. Esta canal es, por tanto, la primera que encontramos al bajar del pico del Acero.

Canal de CandalaviáuLas canales de Candalaviáu y Palomera.

Se emboca unos metros antes de alcanzar las praderías de la vega de Paña (1.260 m, 15,6 km). Comienza siendo amplia y poco definida, sin trazas claras de senda. Más abajo, un resalte hace imposible proseguir por la vaguada. Es preciso continuar descendiendo por su lateral izquierdo (en el sentido de bajada) hasta un hombro (1.115 m, 16 km), donde una trocha nos lleva de nuevo al centro de la canal, que ya no presenta ningún problema.

Canal de CandalaviáuHombro desde el que se baja al fondo de la canal de Candalaviáu. Repárese en la buena referencia que es el peñasco que se yergue a su derecha.

Canal de CandalaviáuJunto al curioso peñasco, que muy bien podría llamarse "el Guardián de Candalaviáu".

Nada más salvar la canal (1.020 m, 16,2 km), que ha resultado más fácil de lo que pensábamos, giramos a la izquierda, en dirección a un camino que, tras pasar junto a una caseta aislada, desemboca en los invernales de la Pasaje (840 m, 17,4 km), donde enlaza con la pista de cemento que nos devuelve a Colio.

Vistas desde el Samelar

Distancia (ida y vuelta) 19,2 kilómetros
Ascensión acumulada 2.030 metros

Distancia (ida) 8,3 kilómetros
Ascensión acumulada 1.690 metros

Mapa de la ruta Track
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