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La Cabra Blanca y los Estribos

El Jou Santo se puede considerar el corazón del Cornión. Rodeado por las más altas y emblemáticas cumbres del macizo occidental de Picos, esta gran depresión recibe durante el verano numerosas visitas. Pero basta alejarse un poco de ella para reencontrar la solitaria quintaesencia de la alta montaña.

Al oeste del Jou Santo, separado del Torco por la horcada de Pozas, arranca un cordal casi olvidado, injustamente eclipsado por la mayor fama y altura de las torres vecinas. Este apartado ramal montañoso se despliega hacia poniente a lo largo de un kilómetro y medio, dejando, al norte, el jou de las Pozas y los hoyos de Corroble; y, al sur, la Llerona y Valdecarombo. Su punto culminante es el esbelto monolito de la Cabra Blanca, atractiva montaña de estampa agreste y desafiante por cualquiera de sus vertientes.

Cabra BlancaEl Diente, la Cabra Blanca y los Estribos desde el camino del Burro.

Salgo de Soto de Valdeón (940 m) por el camino que se dirige a Vega Huerta (si precisa más información sobre este camino, vea Vega Huerta: aproximación desde Soto de Valdeón).

Desde Vega Huerta (2.030 m, 8,9 km), sin perder altura, enfilo hacia el noroeste rumbo al Llastral.

El LlastralItinerario desde Vega Huerta al collado entre el Llastral y la Llerona.

Hitos y marcas de pintura me guían por la parte alta de esta pedregosa depresión, que viene a ser una especie de circo limitado por la cresta occidental de Peña Santa y el contrafuerte que arranca de la horcada Alta de los Llambriales.

LleronaVista del cordal de la Cabra Blanca desde el collado entre el Llastral y la Llerona.

Cabra BlancaItinerario para cruzar la Llerona. Fotografía tomada desde la cima de los Estribos.

Al trasponer la cresta de Peña Santa (2.100 m, 10,3 km), la trocha entra en la Llerona y baja unos metros. No muchos, pues se trata de cruzar a media altura este enorme hoyo aprovechando las huellas de paso dibujadas en su pedrero oriental. Para ello, lo mejor es no esquivar completamente el contrafuerte que baja de la Aguja Corpus Christi, sino atravesarlo bastante arriba, asunto que se resuelve con una sencilla trepada.

Si damos con el buen camino y los neveros no lo impiden, no tardaremos en llegar a la horcada de Pozas (2.109 m, 11,1 km).

En la horcada, abandono el camino señalizado y tiro hacia la izquierda (noroeste) para rodear en ascenso el contrafuerte noreste de los Estribos.

Cabra BlancaItinerario seguido por la ladera de los Estribos. Se ve también el inicio de la trepada a la Cabra Blanca.

Una vez en la ladera noroeste de los Estribos, avisto ya la Cabra Blanca. Dejándome guiar por ella, sigo avanzando a media pendiente y casi en horizontal (suroeste). Estoy progresando por una zona rocosa, bastante inclinada, por encima de la zona de pedreros que se acumulan al pie de la montaña. Se trata de un terreno con numerosas viras y agarres que se anda mejor de lo que parece a primera vista.

Alcanzo así la canal que se abre entre la Cabra Blanca y los Estribos (2.160 m, 11,5 km), una canal ocupada normalmente por un gran nevero. Solo que hoy, en lugar de grande, es enorme, un bonito recordatorio de las copiosas nevadas de este invierno.

A pesar de estar a finales de julio, me esperaba algo así, por lo que me he traído los crampones y un pequeño piolet. "Hombre precavido vale por dos" reza un refrán que no sé si será cierto. Lo que si sé es que, de no haber traído los citados artilugios, ya me estaba dando la vuelta, porque mi escasa habilidad no da para cruzar, con unas zapatillas de trekking, un nevero de esta inclinación, envergadura y dureza.

Con mis relucientes artefactos, tiro tan ufano hacia la ladera de la Cabra Blanca. No me dirijo al punto más alto del nevero porque sé que allí la roca de los resaltes está algo descompuesta, y que se trepa mejor un poco más abajo y a la derecha, donde hay una oquedad de la que cae un pequeño cono de derrubios.

Cabra BlancaEn esta foto, tomada en ausencia de nieve, se aprecia el cono de derrubios donde comienza la trepada. Un poco más arriba, divergen los itinerarios a la Cabra Blanca y los Estribos.

Pero cuando llego al borde del nevero me encuentro con que no hay suelo, quiero decir que el suelo está unos cuantos metros más abajo y que me separa de él un rimaya extraplomada. Retrocedo con cuidado, no sea que la nieve vaya a ceder bajo mi peso, y las dificultades para llegar a tierra firme se solventen de un plumazo.

Cabra BlancaLa Cabra Blanca y su nevero.

La que sí ha tocado fondo es mi vanidad. Parado en medio del nevero, miro hacia arriba y hacia abajo. Me debato en uno de esos típicos momentos de indecisión, tan frecuentes en la agreste incertidumbre de Picos. En la balanza de la voluntad, las opciones están equilibradas: seguir tanteando el terreno o regresar a la tranquilidad de Valdeón (la mente ilustra esta última opción con la imagen de una refrescante cerveza en la terraza de un bar).

El borde superior del nevero está cerca y, armado como voy, puedo llegar a él con facilidad. Alejo la tentación de la cerveza y tiro nieve adelante. Aunque subo sin excesiva confianza, esta vez la suerte me sonríe: aquí arriba, la rimaya se salva con comodidad. Parece que la montaña quiere dejarme pasar, así que rodeo por arriba la masa de nieve y me pongo en el inicio de la trepada.

Enseguida se ve que se trata de una montaña poco frecuentada: entre los pequeños resaltes se acumula gran cantidad de piedra suelta. Asciendo apoyándome en la roca firme (II) y evitando las inestables lleras.

Un poco más arriba, el terreno se tumba y progreso andando. No hay que llegar a la marcada fisura que cruza la ladera de la montaña, lo que hay que hacer es dirigirse hacia la derecha para alcanzar el punto de donde arranca (2.220 m, 11,8 km).

cabra blancaLa Cabra Blanca entre los Estribos y el Diente. Se ve, cruzando en diagonal la cara noroeste, la rampa de acceso a la cresta cimera.

Al llegar a ese punto, veo la conspicua rampa que asciende hasta la cresta cimera. Es pina pero muy fácil. Únicamente se complica algo en su tramo final, donde la adornan algunas llambrias, problema que solvento describiendo una curva hacia la derecha.

La rampa desemboca en la esquina que forman las caras noroeste y suroeste de la Cabra Blanca (2.280 m, 11,9 km). Justo en esta esquina arranca la acerada cresta que conduce a la cima.

Sin pasar a la estrecha terraza de la cara suroeste (que es lo aparentemente más lógico), me encaramo a la cresta desde la misma esquina, trepando ligeramente por la izquierda de la divisoria, es decir, dando vista a la vertiente por la que he subido.

En cuanto supero un pequeño y fácil resalte (I), me enfrento a la cresta, una arista corta, aérea y afilada.

Cabra BlancaLa cresta de la Cabra Blanca. Se aprecia la mala calidad de la roca en alguno de sus tramos.

Resulta algo complicado evaluar la dificultad de este tipo de terrenos. Yo diría que los pasos rondan el III-, pero tampoco discutiría con quien tenga otra opinión (II+, III o, incluso, III+).

Cabra BlancaLa cresta vista desde la Garita Cimera.

Si la cresta amedrenta, no es por su dificultad, sino por el peligro que entraña: la zonas de roca sólida alternan con otras donde grandes lajas o se han deslizado pendiente abajo, o da la sensación de que están a punto de hacerlo. Cuidado dónde se ponen las manos y los pies.

Por supuesto, la complejidad de la arista se acentúa considerablemente en el descenso. Desde luego, no es lugar para meter a una persona inexperta sin la adecuada protección.

A la cresta le sigue una llambria algo expuesta. Luego, la dificultad desaparece y la cima (2.320 m, 12 km) se alcanza enseguida.

Cabra BlancaVista desde la Cabra Blanca hacia el noreste.

La Cabra Blanca es un mirador franco de las torres que circundan el jou de las Pozas, Peña Santa y el macizo de la Bermeja.

Tras pasar un rato en la cima (no mucho, porque me encuentro muy lejos de Soto de Valdeón, a donde he de volver), desando el camino hasta donde divergen los itinerarios a la Cabra Blanca y a los Estribos (2.210 m, 12,3 km), con la intención de alcanzar también esta cima.

Asciendo una canal bastante pulida que desemboca en el collado que forman ambas montañas (2.260 m, 12,4 km). Desde aquí, hay dos rutas posibles para coronar los estribos.

Los EstribosLas dos vías para coronar los Estribos. Fotografía tomada desde la Cabra Blanca.

La más emocionante discurre por la cresta que desciende de la cumbre, donde nos encontraremos con una llambria parca en agarres (II+). La más sencilla aprovecha la canal que sube a la derecha de la cresta, que sólo tiene un par de resaltes (I+).

Ambos itinerarios confluyen en la chimenea (II) que lleva a la cima de los Estribos (2.297 m, 12,5 km).

Regreso por el mismo itinerario. Cuando llego a Soto (bastante cansado, por cierto), mi GPS marca 24 kilómetros. Se trata, pues, de una ruta larga, dura y con varios pasos complicados. Un claro exponente de la alta montaña estival en Picos de Europa.

Distancia (total) 24 kilómetros
Ascensión acumulada 1.790 metros

Mapa de la ruta Track
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